Por: Marcela Gereda
A veces parece que en Guatemala ya no hay salida. Que se acabaron las posibilidades para nosotros los guatemaltecos para evitar que este barco se hunda. Hoy no quiero hablar de violencia. Ni de desfalcos. Tampoco de políticos corruptos o de programas inútiles. Guardemos por un rato el hablar desde la silla de las imposibilidades.¿En qué mundo cabe la posibilidad de que a un espíritu libre se le impida clavar en la playa su bandera libertaria?, ¿acaso este país “entre dos mares al ruido sonoro” no debiera permitir a todos sus ciudadanos comprarse una yinas y ver el mar para pensar en un mundo mejor?
He visitado y escuchado a niños y jóvenes costeños; una juventud que a veces pareciera entrar en una especie de abismo. A un callejón sin salida. Toda la semana pasada tuve la oportunidad de recorrer gran parte de la costa pacífica del país junto a un equipo multidisciplinario de biología marina, antropología y desarrollo de turismo sostenible, para impartir capacitaciones a niños y jóvenes en escuelas rurales mixtas sobre el Proyecto Chakalote.
Para leer artículo completo: http://www.elperiodico.com.gt/es/20090302/opinion/92939/
Publicado en El Periódico el 2 Marzo 2009
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